Si a cualquier persona un paquete de pan de molde de 500 gramos le cuesta menos de dos euros, a Rosa María Romero, comprar uno sin gluten le vale más de ocho.
Según la Asociación de Celiacos de Madrid, un enfermo gasta al año a la hora de hacer la compra una media de 1.466 euros más que una persona sin intolerancia.
Unos gastos que no cualquier familia puede costearse; y mucho menos si en una misma familia hay más de un enfermo, algo bastante común.
Por poner otros dos ejemplos, el kilo de galletas sin gluten se cotiza a unos 22 euros, y el de pasta, a 18 euros. “Ahora tenemos suerte, tenemos más o menos de todo, no como antes”, dice Rosa.
Ella hace la compra en grandes superficies, donde asegura que encuentra una mayor variedad de elementos, aunque cree que España está “a la cola” de Europa en este tema. “En los supermercados de Alemania o Inglaterra encuentras productos sin gluten en cada estantería, al mismo precio que los normales”, cuenta Rosa.
Otra de las batallas de la Asociación de Celiacos de Madrid es que se les conceda una ayuda para que todos los enfermos puedan hacer frente al coste de los productos sin gluten, como sucede, por ejemplo, en Castilla-La Mancha, donde reciben 300 euros al año; y no sólo a aquellos con menores rentas, como pretende la CAM.
Unos 2.000 alcalaínos son celiacos, una dolencia crónica y poco conocida
“Mi hijo lleva una vida normal; dura, pero normal”, dice Rosa María Romero, la madre de Daniel, de cinco años. Rosa cuenta que a su hijo, “después de mucho periplo”, le fue diagnosticada intolerancia al gluten hace dos años y medio. Ayer fue el Día Nacional de los Celiacos, unos enfermos que aún padecen los impedimentos de una dolencia crónica y poco conocida, y que según el nivel de prevalencia de la enfermedad, en Alcalá afecta a alrededor de 2.000 personas, un uno por ciento de la población.
“A nuestro hijo le decimos que como es una persona especial, tiene que comer comida especial”, explica Rosa. A Daniel le realizaron las pruebas de celiaquía después de meses de diarrea, desnutrición e incluso haber pasado una mononucleosis debido a la bajada de defensas. “Fue un alivio saber que nuestro hijo era celíaco, porque pensábamos que podía tener cualquier cosa”, cuenta Rosa. La celiaquía es una intolerancia a una proteína del gluten, que está presente sobre todo en el trigo, la cebada, el centeno y se cree que en la avena.
“En los niños pequeños, la enfermedad genera mucha angustia a sus padres, porque interfiere en el desarrollo normal de un niño y les produce diarreas, dolor abdominal, problemas de crecimiento…”, comenta Julia Álvarez, responsable del Servicio de Endocrinología del Hospital Príncipe de Asturias. El único tratamiento para un celiaco es una dieta de por vida exenta de gluten.
Y uno de los problemas que presenta esta dolencia es que en muchos casos los síntomas no se manifiestan de una manera agresiva, por lo que sólo el 10% de los celiacos han sido diagnosticados.
“A veces es difícil para Daniel, porque vivimos en una sociedad que te bombardea con productos alimenticios que no puede comer”, dice Rosa, que cuenta que, pese a sentir algún complejo cuando tiene que comer fuera, su hijo volvió a recuperar la alegría cuando le fue diagnosticada la enfermedad. “El gran problema de los celiacos es que no tienen una información veraz de la composición de los alimentos”, asegura la doctora Álvarez, que explica los trastornos que la laxitud del etiquetado que permite la legislación española causa a los pacientes.
De hecho, de los 203 productos alimenticios analizados por la Asociación de Celiacos de Madrid en abril, el 12% contenían gluten cuando su etiqueta no lo decía.
“Daniel come cada día en el comedor de su colegio y no tenemos ningún tipo de problema”, explica Rosa. Los colegios públicos tienen obligación de ofrecer menús para celiacos en sus comedores, pero la lucha de la Asociación de Celiacos de Madrid es ahora que sea también obligatorio en los concertados y los comedores de otros centros públicos.
“Lo complejo llega a la hora de comer fuera de casa, porque en el sector hostelero no hay una concienciación acerca de la enfermedad celiaca”, cuenta Rosa, que asegura que alguna vez le han llegado a preguntar en un restaurante si ser celiaco era una religión.
La motivación y la información de los propios padres son muchas veces las mejor aliadas a la hora de dar a conocer una enfermedad que, pese a ser común, no es lo suficientemente conocida. “La concienciación de un niño es rápida y sólida”, comenta Rosa, que cree que lo más problemático vendrá cuando su hijo llegue a la adolescencia y probablemente se sienta diferente a sus amigos. Son los inconvenientes de ser alguien especial, como es Daniel.
Cereales y mucho más
Los celiacos padecen una intolerancia al gluten, que está presente en el trigo; en menor medida, en otros cereales como la cebada y el centeno; y se duda de que lo contenga también la avena. Lo más problemático es que el gluten se añade a otros muchos productos alimentarios como embutidos, la leche procedente de algunas centrales e, incluso, algunas especias de cocina, por lo que los celiacos deben llevar una dieta de productos naturales y poco elaborados.